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  Reportajes - Mi hijo muerde
Mi hijo muerde
Fecha de Publicación: 25/09/2014

Lcda. Graciela de Osío

     Cuando los niños pequeños se convierten en mordelones, se dispara una señal de alarma y preocupación para todo padre o maestra. Aunque existe poca investigación teórica sobre el tema, se puede señalar una serie de recomendaciones y variedad de recursos prácticos, al respecto.

     Antes que nada, para saber porqué el niño muerde, es necesario conocer su realidad cotidiana, la relación con su entorno y las circunstancias en las que se encuentra su grupo familiar, para ello se sugiere observarlo y guiarse por las posibles causas que se detallan a continuación:

     Los bebés exploran y descubren las cosas con la boca, el primer vehículo a través del cual conocen al mundo. Con escasos cuatro meses de vida e inclusive antes de salir los primeros dientecitos, los bebés inician sus hábitos de morder, pero sin lugar a dudas su objetivo principal es explorar y descubrir las cosas con la boca, porque es una de las partes más desarrolladas de su cuerpo y el primer vehículo a través del cual conocen al mundo. Cuando sienten molestias en sus encías necesitan morder para calmarse; muerden sus propios dedos, sus juguetes y más adelante cuando gatee no es extraño verlo morder todo lo que esté a su nivel. También podría ser una forma primitiva de comunicarse, ya que desconocen el lazo o relación entre el morder y el dolor ajeno.

     La mordida puede ser utilizada por los bebés para descargar energía acumulada. Otro de los escenarios a evaluar es la probabilidad de utilizar la mordida para liberar el exceso de energía sin descargar, y en estos casos, suelen estar acompañadas de risas, movimientos pendulares de cabeza y tensión en brazos y cuello. Es común ver bebés muy emocionados al escuchar música y muerden para liberar esa energía acumulada.

     El morder puede llegar a ser un modo poderoso de comunicación y de control. En ocasiones quieren hacerse entender y al no contar con expresiones como respuesta, recurren a la mordida intentando así llamar la atención tanto de un adulto como de otros niños, o simplemente es una forma rápida y fácil de obtener un juguete. Esto puede ser un experimento con la causa y efecto, para comunicar la frustración mientras aprenden habilidades sociales, lingüísticas y de autodominio. Los bebés no disponen del lenguaje necesario para controlar una situación, o sus intentos de comunicarse no se entienden o no se respetan. El morder llega a ser un modo poderoso de comunicarse con y controlar a otros y el ambiente.

     Emociones y factores que llevan al estrés, podrían generar aumento de episodios de morder en ciertos niños. En algunas ocasiones las mordidas pueden ser descargas agresivas, correspondientes a circunstancias de mucha tensión para el niño o acciones para repeler u oponerse a la agresión de algún otro. Cuando los exponemos a desafíos o actividades muy difíciles, a exigencias, a una falta de rutina que les agita particularmente, a una interacción inadecuada con adultos y a la superación de obstáculos, podemos generar enojo y frustración en ellos, posiblemente conduciéndolos a una mordida segura. Muchos niños de esta edad todavía no entienden cómo compartir las cosas o que el contacto físico puede causar dolor, y necesitan aprender otras maneras de comunicarse aparte de morder. Emociones y factores que llevan al estrés, como un bebé nuevo en casa, podrían tener una asociación con un aumento de episodios de morder para ciertos niños.

     A veces las mordidas son manifestaciones de amor y no de agresión. A través de la mordida, los niños intentan por lo general apropiarse un poquito de ese otro al que ellos quieren, son manifestaciones de amor y no de agresión y es importante que así se lo tome, ya que las impresiones que recibe de los que lo rodean en relación a sus acciones, le quedan registradas y son las que lo modelan.

     Con niños mayores de tres años, es recomendable examinarlos para descartar disfunción táctil. Cuando nos referimos a niños mayores de tres años, las mordidas suelen ocurrir poco y en su mayoría, las causas son las mismas que la de los bebés: para controlar una situación, para llamar la atención, como estrategia de auto-defensa, o por extrema frustración o enojo. No obstante, si este evento es recurrente podría indicar otros problemas de comportamiento, ya que para esa edad muchos niños tienen las habilidades de comunicación necesarias para expresar sus necesidades sin morder. En estos casos, es recomendable hacer un examen del desarrollo para niños y así descartar que se trate de un niño con disfunción táctil. Si así fuese, éste puede responder negativamente a sensaciones de toque, poniéndose ansioso, hostil o agresivo. También puede responder de manera exagerada o reaccionar negativamente cuando otros están cerca. Los toques ligeros desde atrás le podrían ser particularmente agitantes, respondiendo en algunas situaciones con mordidas.

     Cuando los incidentes de morder ocurren en la guardería o maternal, la maestra debe examinar el patrón de incidentes y los factores que puedan asociarse con los episodios. Cuando se trata de niños que muerden en la guardería o maternal, es importante que la maestra se fije y examine el patrón de incidentes de morder para cerciorarse si factores como: demasiados niños dentro de un espacio, un exceso de estímulos, una falta de juguetes, de atención o de supervisión u otros parecen anteceder a los episodios de morder. Además de los mencionados, también el estado físico del niño, dientes nuevos u otros tipos de dolor en cierto día parecen tener una asociación con aumentos de episodios de morder. Otro de los escenarios a considerar por padres y maestros podría ser si los niños muerden cuando tienen hambre o sueño, o alguna irregularidad en los intestinos.

     Una vez analizados los escenarios y las posibles causas, debemos tomar medidas para evitar que esto ocurra nuevamente. Hasta el momento todo lo que les interesaba morder eran cosas inanimadas, de las cuales recibían información de textura y sabor principalmente, y es que tal vez todavía los bebés no entendían la diferencia entre morder un juguete y morder a una persona, pero ahora se dan cuenta que cuando muerden el hombro de mamá, el brazo de papá, la pierna del hermano reciben a cambio una reacción acompañada de un sonido, así sea un simple “ay” o una reprimenda, ellos verán que cada una de las personas reaccionan de diversas maneras.

     “No se muerde, duele” en tono firme, pero con tranquilidad. Al inicio morder puede parecer gracioso, pero con el correr del tiempo dejará de serlo y se tornará hasta doloroso y sorpresivo, la mejor forma de corregir este hábito es coger al bebé y mirándolo a los ojos con una mirada tierna y no de enojo, decirle “No se muerde, duele” en tono firme y tranquilo, con una actitud de comprensión y escucha, e inmediatamente distraer su atención dándole un juguete o cambiando de actividad. Se debe proceder así una y otra vez hasta que el bebé aprenda que no es correcto morder a las personas.

     No se debe corregir al bebé, mordiéndolo, pegándole o castigándolo. De ninguna manera se puede corregir el mal hábito del bebé mordiéndolo, así lo mordamos suavemente (las mordidas amorosas también se incluyen), porque el bebé puede tomar esto como una agresión en caso que les duela; y por otro lado, si la mamá lo muerde le está dando implícitamente permiso para morder. Tampoco se le debe pegar o castigar ni dejar que lo haga y hacer como si nada estuviera pasando.

     Al momento de la mordedura se debe prestar mayor atención a la víctima. Se recomienda que al momento de la mordedura se preste mayor atención a la víctima, escudándola del niño que le mordió, iniciando primeros auxilios como sean necesarios, y consolándola. De hecho, se ha demostrado que al involucrar al agresor (haciendo que atienda a la víctima y que toque suavemente la zona afectada), se le enseña el comportamiento de cuidar (sin dejar que esta actividad se tome como un juego) y se pueden obtener mejores resultados en la eliminación de este acto. De no ser posible dada la conducta del niño agresor, se sugiere no apartarlo drásticamente ni darle una respuesta emotiva que lo pudiera reforzar negativamente.

     Al niño se le debe enseñar a usar “palabras” para expresar sus sentimientos. Es importante evaluar la posibilidad de que el niño que muerde necesite aprender a desarrollar y utilizar sus habilidades de comunicación expresiva en vez de morder, es decir, se le debe enseñar a usar “palabras” que le permitan expresar sus sentimientos. Por ejemplo se le podría decir "Pedrito está enojado porque le estás quitando su camión."

     Es importante manejar mensajes positivos como “toca suavemente” El desarrollo cognitivo y lingüístico de los niños también ayuda a reducir los comportamientos de morder. Un ejemplo muy común es enseñar al niño que posiblemente muerda cuando le quitan un juguete, a decir “no“, mío”, “alto”, etc… y decirle al niño “no mordemos a la gente, mordemos la comida”, o decirle “eso le duele al que muerdes”. También es importante manejar mensajes positivos como “toca suavemente” en vez de “no pegues”, o “no muerdas”.

     Es necesario canalizar esa energía y encauzarla hacia lo creativo. Si ponemos toda nuestra atención sólo en si muerde estaremos sin querer remarcando esta actitud y no otras que son más aceptadas. Pero si mostramos comprensión, si le damos otras posibilidades de acción, irá canalizando esa energía que pone en la mordida en hacer otras cosas y entonces será positivamente canalizada y no quedará el resabio de una mala acción, sino por el contrario toda la vitalidad estará encauzada hacia lo creativo.





 
 
 
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